Sobre el lenguaje sentimental

Para mí de importancia suma siempre resultó el hecho de decir la verdad. Mas me cuestiono ahora si realmente existe un suceso que pueda ser calificado como verdadero.

Cada hecho que experimenté, ya fuese este bueno o malo, tan solo lo fue a priori, es decir, no puedo hoy decir que he vivido suceso alguno al que me pueda referir como bueno y del que resultasen unas consecuencias íntegramente positivas a su vez.

Tal vez sea nuestro incauto lenguaje y nuestra poca precisa inteligencia emocional los que nos llevan a comentar lo perfecta que fue una cita o lo desastrosa que resultó la ruptura.

Tal vez la reflexión sobre nuestras propias vivencias venga excesivamente condicionada tanto por el ambiente como por nuestra voluntad de aportar un toque de coherencia a cada paso que damos.

El “esta vez va a ser diferente”, el “no volveré a cometer el mismo error”, “ya no soy la misma persona”… Hoy me pregunto por qué nos empeñamos el calificar cada experiencia, por qué tengo que ser clara al transmitir mis sentimientos si no encuentro palabra adecuada para expresar los mismos.

Nuestro limitado lenguaje nos lleva a una homogeneización de ideas que induce a olvidar que nadie siente lo mismo que tú sientes en este momento, que tus sentimientos son un regalo que solo te pertenece a tí mismo.

Por ende, mi mito de la verdad, aquella confianza ciega en encontrar todo lo bueno y verdadero, se derrumbó lentamente dejándome al principio una falta de sentido. Sin rumbo, seguir nadando, sin salvavidas, seguir intentando superarte, creo que no he encontrado un mayor sentido que el de cambiar mi paradigma sobre el encuentro de la persona verdadera y buena por el objetivo de que sea yo la que encarne mi idea de verdad y bondad.

El hecho de intentar ser todo aquello que necesitaba de los demás en el pasado es a lo que llamo yo mi verdad.